Logo
Parroquia San Eduardo
Diócesis San Carlos de Bariloche - Argentina

 

Encíclica del Papa Benedicto XVI

"DEUS CARITAS EST"

Entrevista al Padre Eduardo de Paola acerca de la primer encíclica de Benedicto XVI,
luego de una serie de charlas dictadas por el mismo en Nuestra Señora de Luján.
 
 
 
¿Cuál es el tema central de esta primera encíclica del Papa Benedicto XVI?
El tema fundamental que trata es sobre el AMOR y lo hace en dos partes bien diferenciadas de la encíclica. En la primera parte, se refiere a la esencia del amor y su conformación en la realidad humana personal del amor y en la segunda parte la expresión de ese amor hacia los demás en donde lo que analiza es el tema de la doctrina social de la iglesia desde una óptica que tiene que ver con el análisis que él hace en la primera parte.
 
Vayamos a la primera parte entonces ¿qué entendemos por amor? ¿Hay un solo tipo de amor o hay distintos tipos de amor?
Lo que el Papa demuestra es que el amor esta como compuesto por dos movimientos, uno que es el amor EROS o el amor erótico que también puede ser nominando con el nombre de pasión, ese amor erótico nosotros lo hemos usado siempre con una referencia sexual o genito sexual y en realidad solamente una parte del amor eros tiene una orientación hacia la expresión erótica genito sexual. Pero sin duda que la pasión es un componente esencial del amor. Y el otro componente es el amor AGAPE que es el que mas se ha difundido a través del evangelio, que es el amor entrega, servicio, disponibilidad para el otro.
 
El amor eros, esa pasión ¿es inherente e incluso necesario para el hombre?
Dice el Papa: “el eros esté enraizado en la misma naturaleza del hombre” (#11), o sea que lo que describe en la encíclica en una especie de análisis de la esencia del amor, es que el eros forma parte de la misma naturaleza del hombre y no puede ser separado de ella.
 
¿En el cristianismo hubo una identificación con la forma de amor agape y un renegar del amor eros?
Quizás la razón por la que el Papa escribe esta encíclica es que durante 20 siglos la Iglesia demonizó el amor eros. Para decirlo con las mismas palabras con que el Papa lo dice citando a Nietzsche: “el cristianismo le dio de beber al eros un veneno que no lo llevo a la muerte sino que lo hizo degenerar en vicio” (#3). Esto es una realidad, la Iglesia nos ha hablado no solamente en este aspecto sino en muchísimos otros aspectos de la espiritualidad y de la vida del eros como algo cercano al pecado o como pecado mismo. Entonces esta demonización del eros lo que produjo fue una profunda separación con el mundo que seguía viviendo la esencia del amor tal cual lo lleva en la naturaleza. Me parece que si hay una razón por la cual el Papa escribe esta encíclica es porque quiere acercarse a la realidad del mundo, y lo dice expresamente: “si se llevara al extremo este antagonismo la esencia del cristianismo quedaría desvinculada de las relaciones vitales fundamentales que es la existencia humana y constituiría un mundo del todo singular que tal vez podría considerarse admirable pero netamente separado, apartado del conjunto de la vida humana. En realidad eros y agape nunca llegan a separarse completamente” (#7). Es como si la Iglesia se hubiera quedado con el agape y el mundo con el eros, y la Iglesia negando el eros como “malo” se separa de la realidad del mundo.
 
Tenemos estas dos dimensiones del amor ¿que relación hay entre ellas y cual es el camino a recorrer? ¿Que función o encauce debiera tener el eros para llegar al agape?
El eros es un combustible del agape y un combustible en un doble sentido, es el que logra poner en marcha el agape y al mismo tiempo lo acompaña en su desarrollo porque sin combustible el agape tampoco puede seguir funcionando. O sea que la pasión funciona como un disparador del agape. Es la pasión la que nos lleva a descubrir y a poner nuestra fuerza y disponibilidad al servicio de los demás. Y esa misma pasión es la que acompaña durante su desarrollo al ejercicio del agape, o sea, sin pasión tampoco es posible llevar a cabo el servicio la entrega y la disponibilidad.
 
¿O sea que el eros es una herramienta que podemos utilizar para nuestro bien o nuestro mal?
También lo menciona el Papa claramente: el eros es un amor que hay que continuamente purificar y madurar dice el Papa, porque si no lo orientamos hacia su lugar natural que es el agape, el eros se vuelve sobre si mismo y lo único que nos hace hacer es buscarnos a nosotros mismos. Ahí aparece esta forma cultural del eros que estamos viviendo que está orientada esencialmente, a la búsqueda del placer, de un sentimiento placentero, y de un sentimiento placentero estrictamente unido a lo genito sexual.
 
En la encíclica el Papa orienta el tema del amor con las imágenes de Dios y el amor de Dios, y del hombre y el amor del hombre.
Me parece que llega el turno a la encíclica de probar la tesis del Papa en el banco de pruebas de la Escritura, y entonces la aportación que el Santo Padre hace desde la reflexión bíblica es una demostración a través de algunas imágenes bíblicas de que el amor de Dios que es modelo del amor humano, el amor humano es participación en el amor de Dios, el amor de Dios también es un compuesto de eros y agape. Dios nos ama con pasión, Dios ha amado apasionadamente al pueblo de Israel y ese mismo amor eros unido al agape han sido en la historia de la salvación una unidad perfectamente desarrollada por Dios hacia su pueblo y hacia cada persona.
 
En este amor agape de Dios hacia el hombre una de las cosas que menciona la encíclica es que Dios perdona incluso hasta contra su propia justicia…
Cuando el Papa explica que Dios ama con amor eros y agape al hombre, hace una diferenciación. Como decimos que el amor del hombre es participación del amor de Dios lo que el Papa hace es caracterizar específicamente el amor de Dios distinguido del amor del hombre, que es participación del amor de Dios pero que no es esencialmente el mismo amor, y para caracterizar específicamente el amor de Dios lo que menciona es precisamente eso, que el amor de Dios es un amor personalizado, Dios ama personalmente, para siempre, y al mismo tiempo que es un amor perdonador, y en el perdón dice el Papa hay un elemento muy importante que es que: al contrario de lo que suele sucedernos a los hombres, es un amor que no solamente perdona sino que supera siempre la justicia con el perdón.
 
Una de las frases más lindas de la encíclica es cuando dice que Jesucristo en la Cruz reconcilia la justicia con el amor….
El resumen que uno puede hacer mas explicito, más claro, de lo que el Papa está afirmando o de lo que viene reflexionando desde el antiguo testamento del amor pasión y del amor agape de Dios se da precisamente en la última etapa de la vida terrenal de Jesús. Llamamos a esa última etapa, a esos últimos días, “la Pasión”, el nombre propio del eros. Entonces me parece que uno puede visualizar frente a este cuadro de la última semana de la vida de Jesús esos dos amores perfectamente identificados. El amor “pasión” que lo lleva hasta dar la vida, y dar la vida que es la especificación más fuerte del amor agape.
 
El Papa dice en un momento dado: “El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima” (#5). ¿La Iglesia en estos veinte siglos, sin embargo, no ha relegado a un segundo plano la corporeidad del hombre?
Lo dice específicamente, que la Iglesia en muchos pasajes de su historia ha tenido un desprecio por lo corporal. Lo corporal evidentemente que está íntimamente asociado al amor eros desde la cultura. Porque en realidad desde la visión que el Papa nos regala en la encíclica, la corporeidad esta tan unida al amor eros como al amor agape, o sea es vehículo de alguna forma del amor eros y del agape, la entrega o el servicio no son solamente espirituales sino que es un servicio de la persona integralmente conceptuada. Pero sin duda que la Iglesia ha padecido en su reflexión teológica y espiritual de un dualismo permanente, un dualismo que viene de las raíces platónicas y que pasó a la Iglesia a través de muchísimos pensadores y santos, en el que el cuerpo fue presentado como la cárcel del alma. Y lo que hace es una recuperación de la dignidad del cuerpo tan importante, con la misma dignidad, como la que tiene la dignidad del alma, porque la resurrección, que es el centro de nuestra fe dice San Pablo, no tiene una referencia tan explicita al alma sino al cuerpo, o sea nadie duda de que el alma pervive, que el alma no muere, pero lo que esta en cuestión es que si el cuerpo vive o no vive. Y la resurrección de Jesús que es el centro de nuestra fe es precisamente la resurrección del cuerpo de Cristo. Esa resurrección que integrada al alma que no se muere va a restituir a la persona en su integridad perfecta.
Esta revalorización de lo corporal junto con el bautismo del eros produce una verdadera revolución en torno a lo que significa el pensamiento de la Iglesia en muchísimos aspectos.
Yo no se con que argumentación hoy se puede justificar la penitencia corporal que no este estrictamente destinada a disminuir el peso del pecado en su realidad específica. La penitencia corporal que la Iglesia predico durante muchísimo tiempo era una forma de castigar aquello que era el sujeto del pecado. La regularización del cuerpo y su igualación con el alma nos hace ver que la realidad del pecado está tanto en el alma como en el cuerpo. Y si en algún momento tenemos que buscar herramientas para aplacar o desviar el pecado, bueno tendremos que usar esa herramienta sobre el cuerpo en la medida que el cuerpo esté aportando elementos para que el pecado se de. Pero no como una forma genérica de agradar a Dios, Dios no puede ser agradado por el daño al cuerpo que es una herramienta de santidad, tan específicamente santa como el alma.
 
En la analogía que hace el Papa entre el amor de Dios y el amor del hombre hay un discernimiento sobre lo que es el matrimonio y la búsqueda que esto implica. ¿Este tipo de amor, el amor humano, cómo se asemeja al amor de Dios?
El Papa cita a Platón en este tema y dice que Platón se imagina al hombre como un ser originariamente esférico, completo y autosuficiente. Pero en castigo a su soberbia fue dividido en dos por Zeus de manera que ahora anhela la otra mitad que le falta y que está en la búsqueda de recobrar para ser integro de nuevo. Esto se condice con el relato de la creación del Génesis, donde Dios ve la soledad del hombre y por eso Dios crea la mujer.
Uniendo el mito platónico al relato bíblico el Papa saca la conclusión. El hombre está incompleto sin la mujer, la forma de completar ese sentido de su otra mitad que le falta y que quiere recobrar para su propia integridad esta precisamente en el amor matrimonial. Un amor que tiene las mismas características que tiene el amor personal del hombre, un amor que es eros y agape al mismo tiempo. Como, decía antes, el Papa nos ha descrito el amor de Dios como personalizado, o sea, es personal, es para cada uno de nosotros, y es para siempre, el amor de Dios no se arrepiente, no tiene condicionamientos, no se termina. A la hora de paralelizar el amor de Dios en el matrimonio el Papa dice “el amor del matrimonio es una con uno para siempre y tiene su origen y su imagen en el amor de Dios por el pueblo de Dios”. Eso se va a completar específicamente con la encarnación de Jesucristo, que revela como el amor de Dios se hace “una carne” con la humanidad. Ese amor de una con uno para siempre que es el amor matrimonial se ve sellado en el para siempre con la una carne que el hombre y la mujer realizan en el matrimonio .
A un Dios monoteísta y a un Dios único, dice el Papa, le corresponde un matrimonio monógamo, es decir único.
 
Hacia el final de esta primera parte de la encíclica hay una referencia a la Eucaristía, al acto de perpetuidad del amor de Jesús en la entrega.
Es interesante, porque el Papa nos dice que la escritura nos ha repetido en el antiguo testamento muchísimas veces, que nadie puede ver a Dios y seguir vivo. Y lo que hace es decir que esto es cierto. Nadie puede ver a Dios en lo que Dios es absolutamente y poder contarlo. Sucede mas o menos lo mismo con los sacramentos, la palabra sacramento es sinónimo de la palabra misterio y uno se imagina el misterio como algo absolutamente impenetrable y sin embargo el misterio es en parte penetrable y en parte no penetrable. Pero la parte penetrable que el misterio tiene nos habla y nos revela la parte no penetrable. Yo siempre lo describo con la imagen del iceberg, hay una parte del hielo que nosotros vemos y esa parte nos permite saber que abajo del agua hay 2/3 del mismo hielo que no vemos. En el mismo sentido, no ver a Dios es en parte una realidad, nosotros no podemos captar con nuestra inteligencia la realidad de Dios porque Dios es el absoluto y nosotros somos lo relativo. Sin embargo lo que el Papa dice es que hay muchas presencias visibles de Dios en el mundo. Nos habla del amor que Dios ha tenido en la historia de la salvación por nosotros, nos habla del amor encarnado de Jesús, de la ultima cena, del corazón traspasado en la cruz, de las apariciones del resucitado, de las acciones de los apóstoles después de Pentecostés, que son todas muestras del amor de Dios entre nosotros, y después hace especificación: Dios está presente y lo podemos ver en la Palabra que nos ha dejado escrita, en los sacramentos y especialmente en la Eucaristía. En la liturgia de la iglesia, en la oración de la comunidad, en todos esos lugares experimentamos la presencia y percibimos el amor de Dios. Menciona específicamente la Eucaristía, y la Eucaristía tiene muchos elementos de ese amor de Dios expresado, porque por una lado es la realidad del amor eros como combustible que desata la pasión y acompañó a Cristo en la entrega de su propia vida, y lo que celebramos en la Eucaristía es precisamente eso, es hacer de nuevo en la historia, renovar, traer desde la historia ese misterio de la entrega de Jesús en la cruz por nosotros, que es la demostración mas fuerte y mas alta del amor, y al mismo tiempo es una demostración del amor de Dios por todos.
Porque el único motivo de la muerte de Jesús en la cruz es el agape, es el entregar la vida, es poner toda la vida en servicio y en disponibilidad de todos nosotros que necesitábamos de ese gesto de amor de Jesucristo para reencontrar el camino de regreso a la casa del padre.
 
El Papa menciona a la Eucarist?a como una transmisión del amor de Dios ¿al participar de la comunión pasamos a ser transmisores de ese amor a los demás?
Participar de la Eucaristía es participar del mismo dinamismo que vivió Cristo dentro de su persona, el dice “el mismo dinamismo de la Eucaristía desde Jesús es el mismo dinamismo de quienes participamos de la Eucaristía y comulgamos”. Entonces no se puede celebrar la Eucaristía sin eros ni agape. Si la Eucaristía no es un acto en el que celebramos la entrega de nuestra propia vida en servicio de los demás, es un rito absolutamente carente de valor. Solamente tiene valor y se identifica plenamente con Jesús y por eso se puede celebrar la propia vida con la vida de Jesús entregada por los demás cuando nuestra semana ha sido una semana de entrega y de servicio por los otros. Entonces llega el domingo y tenemos derecho a celebrar lo que hemos hecho. Como llega el domingo y tenemos derecho a celebrar lo que hizo Jesús, que fue entregar la vida por nosotros. Pero si no hay esa entrega nuestra en servicio por los demás a lo que asistimos es a una serie de ritos o de normas litúrgicas que se ponen por acto pero que no tienen vida.