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Parroquia San Eduardo
Diócesis San Carlos de Bariloche - Argentina

 

Cardenal Eduardo Francisco Pironio

 
Vicepostulación de la Causa en la Argentina:
Av. de Mayo 621 2º piso
Buenos Aires
C1084AAB
 
 
Eduardo Francisco Pironio nació el 3 de diciembre de 1920 en Nueve de Julio (Argentina), fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1943, consagrado Obispo el 31 de mayo de 1964 y elevado a la dignidad de Cardenal en 1976.
En la Argentina ejerció su ministerio pastoral como Vicario de la diócesis de Mercedes, Rector del Seminario de Villa Devoto, Obispo Auxiliar de La Plata, Asesor general de la Acción Católica Argentina y Obispo residencial de Mar del Plata. Fue Secretario General y Presidente del CELAM de 1968 a 1975.
En Roma se desempeño como Prefecto de la Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares y, posteriormente fue nombrado Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos.
Murió en Roma el 5 de febrero de 1998. Está sepultado en el Santuario de Nuestra Señora de Luján (Argentina).
Quien reciba gracias se ruega informar a la Vicepostulación de la Causa.
 
 
 
 
“Oh, Dios, Padre nuestro, que has llamado a tu Siervo Eduardo Francisco Pironio a servir a tu Iglesia como sacerdote y obispo, confortado por la materna solicitud de la Virgen María, y lo has hecho alegre anunciador de la esperanza y de la cruz.
Concédenos que siguiendo su ejemplo podamos proclamar y testimoniar nuestra fe con un corazón misericordioso y acogedor y, por su intercesión, danos la gracia que confiadamente te pedimos. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.”
Con aprobación eclesiástica - CEA
 
 
Ser presencia, Señor,
es hablar de ti sin nombrarte;
callar cuando es preciso que el gesto reemplace la palabra.
Ser luz que ilumina el lenguaje del silencio
y voz, que surgiendo de la vida, no habla.
Es decirle a los demás que estamos cerca,
aunque sea grande la distancia que separa.
Es intuir la esperanza de los otros y simplemente, llenarla.
Es sufrir con el que sufre y desde dentro, mostrarle que Dios
cura nuestras llagas.
Es reír con el que ríe y alegrarse del gozo
del hermano porque ama.
Es gritar con la fuerza del Espíritu
la verdad que desde Dios siempre nos salva.
Es vivir expuestos y sin armas, confiando
ciegamente en tu Palabra.
Es llevar el “desierto” a los hermanos,
compartir tu Misterio y decirles que los amas.
Es saber escuchar tu lenguaje en silencio.
Y “ver” por ellos cuando la fe pareciera que se apaga.
“Ser presencia”, Señor, es saber esperar tu tiempo
sin apresuramientos y con calma.
Es dar serenidad con una paz muy honda.
Es vivir la tensión del desconcierto
en una Iglesia que, porque crece, cambia.
Es abrirse a los “signos de los tiempos”
manteniéndose fiel a tu Palabra.
Es, en fin, Señor, ser caminante
en el camino poblado de hermanos,
gritando en silencio que estas vivo
y que nos tienes tomados de la mano.
 
Cardenal Eduardo Pironio